Más de 10 años en las carreteras colombianas | Carga Pesada

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Más de 10 años en las carreteras colombianas

 

El "Loco" Chaves

El “Loco” Chaves

Muchos pueden pensar que la historia de un país se conoce desde la investigación, desde el análisis de los libros y las narraciones que cuentan, a través de líneas de tiempo, cómo se ha labrado el destino de su sociedad, ya sea para bien o para mal. Sin embargo, muchas versiones quedan excluidas en esas frías anotaciones estadísticas, que a pesar de ser necesarias, carecen de vida y en algunas ocasiones, de contexto.

Parte de la historia nacional se cuenta con la visión de cómo pasaron los hechos pero no en quienes los construyeron. No es que sea una injusticia, algunos pensarán que el bien común está por encima del personal, a pesar de eso se necesitan espacios para escuchar las voces de los que han aportado de alguna forma a su país. El transporte ha sido una herramienta fundamental para el desarrollo de Colombia, un sector que desde el silencio le ha aportado vida a un territorio, que no ha sido del todo agradecido con el medio.

El transporte terrestre no está compuesto solo por carreteras, trochas, camiones o mulas, está compuesto también por seres humanos que han entregado vida y alma a su labor, por mujeres y hombres que han sacrificado su tranquilidad y que han dispuesto su cuerpo en un vehículo con el fin de unir comunidades. En Carga Pesada llevamos 10 años contando historias sobre nuestro sector, 10 años publicando información de un medio alegre y vivaz. En nuestro aniversario queremos seguir enalteciendo la labor de quienes han hecho posible que Colombia nunca se detenga.

De esta forma llegamos a Fernando Chaves, o el “Loco” Chaves como es conocido entre amigos, un reconocido conductor de tracto camiones que ha dejado huella en el sector por su cálida forma de ser y por sus destrezas al volante en la alta competencia camionera, comprobadas en el Gran Premio Nacional de Tractomulas.

Nos encontramos con él en una histórica panadería de Ubaté llamada San Antonio, pero antes tuvimos que recorrer un camino de casi dos horas desde Bogotá hasta este pequeño pueblo de Cundinamarca, pasando por caminos descuidados que denotan el olvido de muchas poblaciones que aguardan en silencio la visita de una aplanadora para que el polvo no cubra por completo las tejas de sus casas.

Con la sonrisa pícara de un hombre que no ha dejado ir la inocencia, nos saludó Fernando. Aún no éramos amigos, así que llamarlo por su apodo era inapropiado aunque para él, casi todos son amigos. A la cita, Fernando llegó acompañado por su esposa Ana Rosalba Pachón y su hijo menor, Diego, dos de los grandes amores de su vida. A los siguientes llegaremos más tarde. Con un café, una almojábana y un agua de frutas comenzamos la conversación.

Vivir para contarla, esa fue la primera impresión que dejó Fernando mientras hablaba. Sus palabras marcaban compases de experiencia y su historia, un nexo único con motores y transporte. Son 38 años los que este hombre lleva recorriendo el país por carretera, toda una vida, que tuvo inicio en Lenguazaque, municipio de Cundinamarca el 2 de julio de 1960. Bendito entre mujeres, Fernando fue el único varón en una familia compuesta por cinco hermanas. De pequeño fue inquieto, siempre atraído por los carros y poco por el estudio.

Entre risas cuenta cómo desde niño tuvo gran pasión por las máquinas. A los 6 años, en la vereda que vivía, solía tomar los tractores que rastrillaban la tierra.-Cuando me quedaba solo yo me les perdía y luego iban todos detrás mío para que me detuviera-. Todo lo hacía por manejar, la vida la veía, como lo sigue haciendo, a través de un panorámico. Su primer amor, tal vez, fue una Ford 50 F3 a la que solía sacar a escondidas, satisfaciendo su mayor gusto, andar camino. De esta forma se ganó su apodo, “El Loco”.

Desde los 17 años comenzó a conocer Colombia con sus propios ojos, era 1978, año en el que con un camión de su padre empezó a cargar carbón de la termoeléctrica de Zipaquirá. Ese sería el primer trabajo del “Loco” en el medio, a partir de ese momento comenzaría a vivir el país de otra manera, con los ojos de quien mira de frente teniendo en primera plana los movimientos de su tierra.

Durante su adolescencia el segmento que conocería sería el carbonero en una zona repartida entre Guaquetá, Cucunuá y Lenguazaque. Con esfuerzo y gusto realizaba hasta tres viajes carboneros al día, razón por la que familiares le pedían al padre de Fernando que le quitara la licencia de conducción. Con agradecimiento el “Loco” nos contaba que en esa época tuvo suerte en la vía. Solía manejar muy rápido y los vehículos no contaban con la tecnología que tienen ahora. No existían los frenos de seguridad ni muchos otros componentes que le generan hoy día tranquilidad al transportista.

No tardaría en salir del departamento. Sus primeros viajes largos serían a Norte de Santander, más precisamente a Cúcuta, ciudad a la que llevaba carbón, material que luego era exportado a Venezuela. El trayecto se le hacía encantador, la ruta hasta Bucaramanga estaba bien cuidada pero el viaje se comenzaba a ponerse difícil al pasar al departamento nortesantandereano. Tristemente, treinta años después, la vía que comunica a los Santanderes sigue siendo espinosa. -El flete de la época hacia Cúcuta era muy bueno, el esfuerzo valía la pena. Hasta tres viajes hacía por semana en ese entonces, no había quién me parara-, afirma Chaves.

Como para cualquier nacido en el interior del país, el mar para él, era un sueño que atraviesa montañas. No tardaría en cumplírsele el anhelo de llevar carbón a la Costa. Barranquilla, Cartagena y  Santa Marta serían los destinos que le abrirían la puerta del país al “Loco”. De ahí saldría al oriente, occidente y sur de Colombia.

Muchos aplauden la memoria del Vicepresidente Germán Vargas Lleras respecto a los proyectos que se hacen en cada carretera nacional y en este caso, al “Loco” Chaves le cabe la misma admiración, su conocimiento sobre las rutas del país es único y eso se lo ha dado el andar. La historia no se hace sola y el tiempo necesita héroes que hagan valer sus minutos y Fernando, ha sido uno de esos héroes que con el pie en el acelerador ha transitado kilómetro a kilómetro las tradiciones de Colombia.

Desde que llegamos a la panadería San Antonio, las anécdotas de Fernando nunca pararon al igual que los saludos de sus vecinos. Con una sonrisa comunal en la mesa, la conversación fluía como si se tratara de un grupo de amigos que se conoce de toda la vida. Diego, junto a Ana Rosalba, comentaban sobre las historias de un hombre admirado. En sus caras se dibujaba la felicidad de personas que con amor han escuchado una y otra vez los mismos cuentos de carretera que Fernando narra.

Llegó el medio día y el país estaba siendo contado en un café. Un integrante más se nos unió a la conversación, fue su segundo hijo, Alejandro. Otro de sus amores y al igual que Diego, gran apasionado por los motores, en este caso, por los de las motocicletas. La familia no estaba completa, faltaba Rafael Fernando, primogénito, que al igual que el resto de sus hijos, siempre estuvo presente en las conversaciones de Chaves.

La trayectoria de Fernando continuo siendo el tema de conversación. Con su memoria intacta, nos contó cómo llegó a manejar buses para la empresa Rápido del Carmen, su contacto con el transporte de lácteos, el boom del azúcar en la década del 80 y comienzos de los 90 en el Valle y la primera vez que tuvo la oportunidad de manejar un tracto camión en 1993. En ese año, Fernando no sabría que comenzaría una estrecha relación con las tractomulas y que serían una de las pasiones que le hacen elevar el ritmo a su corazón.

Con gran confianza en sus capacidades al volante, el “Loco” pondría a prueba su conocimiento en pista en 1994. Año en el que por primera vez concursaría en el Gran Premio Nacional de Tractomulas en el autódromo de Tocancipá. Manejando una Kenworth y siendo novato en el Premio, se consagraría campeón de la competencia. Sorprendiendo a conocedores y expertos, el cundinamarqués se llevaría la corona a casa y desde ese año hasta la fecha, concursaría en cada competencia realizada en el autódromo. Son 22 años de pasión en los que ha conseguido dos trofeos de oro y el honor de gritar campeón en el podio.

Con raíces bien plantadas en el medio, Fernando el “Loco” Chaves es una historia de Colombia. Es la voz de miles de hombres y mujeres que han dedicado su vida a una pasión y una labor. Con su tono alegre y festivo, cuenta con alegría lo mucho que ha disfrutado el haber depositado su esfuerzo y sudor en este sector. Su experiencia relata los cambios que Colombia ha vivido en términos de seguridad en las carreteras, e igualmente acusa los inconvenientes que se tienen con la delincuencia común en distintas partes del territorio nacional hoy día. Fernando es un hombre que agradece las ventajas que ha traído la tecnología a los conductores y al mismo tiempo, la nostalgia del reconocimiento que en un pasado se le tenía a los conductores.

La historia no termina, el tiempo sigue brindando espacios para que continuemos escribiendo los cuentos que sólo algunos sabrán. Fernando Chaves es una de esas leyendas que narran las memorias de nuestras carreteras, de nuestras familias y de nuestros entornos, un hombre que ha visto la transformación de un territorio que hoy más que siempre, debe reconocer el esfuerzo que estos héroes de a pie realizan día a día.