Un camionero no muere: el adiós de César Álvarez

“Un camionero no muere, solo hace su último viaje” y para dolor del gremio transportador, el pasado domingo 12 de abril a las 3:50 AM sería el último para César Alberto Álvarez Forero, una víctima más del COVID19 en Colombia.

El 29 de septiembre de 1960 nació César Álvarez en Bogotá, este año cumpliría 60 y en el 2023 conseguiría lo que hace años buscaba, su pensión, una pensión que daría fin a una carrera que hoy es reconocida por todos, la de transportador, pero la vida no le dio tiempo para más. A pesar de ser bogotano, desde hace más de tres décadas migraría a Bucaramanga, ciudad en la que hizo una familia con Marlene Muñoz, con quien tendría cuatro hijos: Junior Álvarez de 33 años, Laura Álvarez de 28, Valentina Álvarez de 20 y Sebastián Álvarez de 19 años.

Por ellos trabajaba, por ellos sacrificaba su tiempo y lo invertía en carretera, por ellos seguía siendo el héroe de casa y se transformaría en el héroe de un país. César empezó a trabajar hace 35 años en Copetran, empresa en la que iniciaría como conductor de pasajeros, y en la que luego trabajaría como operador de tractomula hasta el pasado domingo. Su vida se la entregó al transporte; sin embargo, sus sueños a los carros.

Junior Álvarez, hijo mayor de César, con tristeza, nos contó sobre la pasión de su padre: los automóviles. “Su sueño era tener un parqueadero con carros restaurados antiguos. Pasaba horas buscando vehículos en internet”. A ese gusto se le sumaban los animales, especialmente los perros y los gatos. En Cali, ciudad donde residía por trabajo, tenía unos cuantos.

César fue un hombre admirable, así lo comentan sus compañeros, quienes lo recuerdan por su buen sentido del humor, su paciencia y su respeto por los camiones, máquinas que cuidaba y dominaba a la perfección. Ahora, después de su partida, seguirá siendo ejemplo para muchos jóvenes que inician a recorrer sus primeros kilómetros al volante.

Una difícil partida

César Álvarez – QEPD.

En casa nadie esperaba que el último adiós de César fuera en el 2020 y mucho menos que ese adiós estuviera relacionado con su trabajo. Álvarez fue toda su vida un conductor responsable, quien puso siempre sus cinco sentidos en el volante, pero no fueron las curvas peligrosas las que le dieron fin a su vida, fue un virus que hoy aterroriza a millones.

El COVID19 es un virus que tiene un índice de mortalidad alto en personas de avanzada edad y en sujetos que poseen patologías médicas. César era diabético y sufría de tensión alta; no obstante, y como nos comentó su hijo Junior, siempre fue muy precavido y entre sus objetos personales cargaba una neverita con insulina para hacer cualquier recorrido en su camión.

“Todo mulero ve a su familia cada dos meses. La última vez que él estuvo con nosotros, estaba muy bien de salud”, dijo Junior.                                                                                                                                Los antecedentes de César a pesar de ser delicados, estaban controlados, por lo que no generaban preocupación, a pesar de ello, un contacto desconocido en el último trayecto de su vida, cambiaría todo.

Buenaventura, Cali era el corredor en el que trabajaba César. Al llegar a puerto recogía carga y emprendía camino hacia la capital del Valle del Cauca y al parecer en ese recorrido César se contagiaría con el COVID19. De acuerdo a su hijo Junior, se desconoce con precisión el lugar en el que Álvarez se contagió, lo que sí se sabe es que al llegar a Cali comenzaría a sentirse mal y dar visos de los síntomas característicos del virus.

A pesar de su malestar, César se vio forzado a regresar a Buenaventura a retornar el contenedor a la Sociedad Portuaria, obligación que recae siempre sobre el conductor. Justo en ese momento inició la cuarentena obligatoria nacional.

Al no poder regresar a casa, César se vio forzado a hospedarse en un hotel en Buenaventura y ahí todo comenzó a agravarse. Los síntomas empeoraron, por lo que intentó comunicarse con la línea 192, pero la congestión telefónica impidió que su llamada llegara a destino, a su vez, el acceso a medicamentos era reducido, por no decir nulo.

Al sentirse cada vez peor, Álvarez acudió a su empresa, Copetran. En ese momento, su jefe, Miguel Cornejo, persona a la que la familia Álvarez le tiene una significativa gratitud, intentó todo para llevarlo a Cali. Las sospechas de que César tenía el COVI19 en su cuerpo, se volvían una certeza por sus síntomas.

Según Junior, gracias a los esfuerzos de Copetran y Cornejo, se pudo contratar una ambulancia particular desde Cali para que recogiera a César y lo llevara a un mejor puerto. Al parecer había una luz en el camino, pero esta fue apagada en carretera. El vehículo en el que era transportado Álvarez fue detenido por las autoridades y al revisar documentos y no encontrar los protocolos exigidos para transportar a personas bajo la afección del COVID19, fueron regresados a Buenaventura.

Con la frustración en el alma, no parecía que se tuvieran muchas esperanzas. César fue dejado en la Clínica Santa Sofía, en Buenaventura. Junior comentó a Carga Pesada que, en aquel puesto de salud, le realizaron una serie de pruebas pulmonares a su padre. En ese momento las sospechas se diluyeron, no había duda de la causa del estado de salud de César.

“Desafortunadamente después de las pruebas realizadas, mi padre no tuvo mayor atención del centro hospitalario. Nunca se le suministró oxigeno, no fue entubado, como tampoco canalizado. Estuvo un día y medio bajo esas condiciones, además, sin recibir alimentación alguna”, dice Junior con la impotencia de no poder luchar contra el tiempo y la distancia. El panorama era desalentador. La cuarentena se convertía en un océano que separaba a César de su familia.

En medio de la confusión, Adriana Badillo, actual pareja de César, decidió esconderse en una tractomula que partía de Cali asumiendo todos los riesgos. Viviendo su propia odisea, llegó a destino, la Clínica Santa Sofía. Allí, y como se ha visto en grabaciones que ruedan por distintos medios, Badillo descubrió que a César no se le había realizado la prueba del COVID19, “como tampoco le estaban dando los protocolos de atención necesarios”, así lo afirmó Junior Álvarez.

La situación era trágica para César y su familia. Ante la gravedad, Copetran continuó su acompañamiento y de nuevo, tras superar un sin número de problemas, se logró conseguir una ambulancia particular que lo recogiera, esta vez, cumpliendo los protocolos necesarios.

César llegó a Cali, a un hospital de primer nivel en el que se le diagnosticó de inmediato un pre infarto generado por un estado de claustrofobia durante el traslado en la ambulancia. De ahí en adelante, la familia Álvarez no volvió a tener contacto directo con César quien fue aislado.

La última información recibida, como nos cuenta Junior sobre su padre, fue que el paciente fue sedado desde su llegada, se le realizaron más exámenes médicos y se encontró que los riñones no estaban funcionando de la manera adecuada, por lo que se le realizó una diálisis.

El sábado 11 de abril, Junior y sus hermanos recibieron una pequeña luz de aliento, los pulmones de César empezaron a responder; sin embargo, los riñones no dieron más y el domingo 12 a las 3:50 de la mañana, César Alberto Álvarez Forero, diría adiós a sus seres queridos.

Hoy los transportadores son personas reconocidas por los medios, son los héroes que mantienen a Colombia con fe, pero ese aplauso continuo debe ser correspondido con una atención especial.

El pasado domingo despedimos a un héroe, hoy lo recordaremos por siempre.

 

 

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